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Cuando caminamos, paseamos, o simplemente nos desplazamos, muchas veces nos ensimismamos en nuestros propios pensamientos y no caemos en la cuenta de por dónde estamos moviéndonos. Y puede que nos perdamos cosas maravillosas.

Siguiendo con la serie de Danza de la Naturaleza que había comentado hace poco, cuando una de las tardes que junio nos dejó cubiertas de niebla y una ligera llovizna, muy suave, me animé a caminar por el hecho de hacer algo de ejercicio físico.

Y en un momento dado, y dada la casualidad, escuché cómo el agua que captaba un pino chorreaba y hacía unos sonidos que captaron mi atención. Tuve que parar, escuchar y levantar la cabeza para no solo ver, sino sentir cómo se creaba una danza de la naturaleza ante mí. Sensaciones que me llegan a través de los sentidos.

A veces es preciso ir más despacio, respirar más profundo y dedicarnos a contemplar, y no solo a observar u oír. A notar cómo gotea el agua, cómo se escucha la brisa en el árbol, el movimiento de sus ramas. A entender su propio lenguaje, muchas veces ciego, sordo, y mudo para nuestros sentidos.

Un mundo sonoro nos rodea y solo tenemos que hacer un pequeño esfuerzo para adentrarnos en él. Acompáñate de una cámara fotográfica, una grabadora, una libreta de dibujo y un lápiz, rotulador o bolígrafo. Describe con todo ello lo que captas, lo que sientes, lo que resurge de ti en ese momento, y verás cómo tu propia percepción cambia también… Un nuevo paisaje, interior y exterior verá la luz; un ejercicio muy práctico para desarrollar nuestra creatividad, y también descubrirla.

Un ejercicio ideal para nuestra mente y nuestro cuerpo es simplemente parar, respira profundo y agudizar los sentidos. Seguro que nos llevaremos muy gratas sorpresas, y muy buenos regalos que nos dará la naturaleza, donde sea que estemos, en un bosque, en el campo, en un parque… Tal vez es solo prestar atención a ese gran mundo que se nos presenta justo delante y no atendemos y quizá no entendemos tampoco.

Por eso les invito y animo a que, perdidos, perdidas en nuestros sentimientos y pensamientos, nos sumemos a la danza de la naturaleza que casi que en cualquier parte podemos encontrar.

Un regalo para nuestros sentidos, especial, único y maravilloso, del que podemos aprender mucho si logramos valorarlo como merece. La danza que nos mueve está acompañándonos, solo hay que descubrirla, y disfrutar de ella.

En todas las cosas de la naturaleza hay algo maravilloso

Aristóteles