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Al ponerme a trabajar para desarrollar las ideas que se me pasan por la cabeza para darles forma luego a través de las técnicas que suelo emplear, se me hace todo un proceso desde su creación hasta su acabado. De forma concienzuda, es una experiencia gratificante a la vez que profunda, pues no se trata solo a veces de ponerse a hacer y continuar la idea hasta que se decide que la pieza está acabada.

Hoy comparto la experiencia de un pequeño cuadro, su proceso de creación tras haberme solicitado alguien cercano que le hiciese un cuadrado. Un encargo, vamos. Y yo, alucinando.

Me puse con ello y tras conversaciones, comencé a trabajar primero en un diseño inicial o boceto adaptándome a la idea que se quería para el cuadro. Dentro de mi técnica y estilo, y de mis conocimientos, empecé a desarrollar tanto el diseño como la propia interpretación, pues se trataba de un encargo muy personal.

Un poco metiéndome en el mensaje de la obra, y teniendo en cuenta que cada quien interpreta una obra a su manera, en este caso, lo que pretendía transmitir era, intentando adaptarme al planteamiento que me habían hecho, lo siguiente:

Buscando la idea de movimiento y evolución, a través de simbologías aborígenes y colores vivos, podría decirse que la espiral es el tiempo, el camino, el inicio en su centro y continúa creciendo. Es como el universo, infinito en tiempo y espacio. Puede simbolizar el crecimiento personal de uno mismo. El triangulo, unido de alguna forma a la espiral, y haciéndolo de forma ascendente, pues se crece hacia arriba. Simboliza aquí esa búsqueda personal de paz y libertad. Cada punta del triángulo lo juego con los conceptos de fuerza, belleza y sabiduría. Aspectos que hay que trabajarse. La línea, en amarillo y curvada, sería como un ave que ya vuela libre o hacia su libertad. Las formas están relacionadas con los grabados de los aborígenes canarios, que es en lo que actualmente y en parte, me suelo basar para dibujar, además de mezclar significados y simbología.


A nivel técnico, pues la obra está realizada con óleos y colores que interpreto que pueden jugar con la idea de paz, tranquilidad y libertad. El juego con la espátula reconozco que fue muy divertido.

A veces, en el proceso de creación, te encuentras con algún bloqueo que te impide continuar, y eso fue lo que me paso de alguna formaLos colores. Por eso, recurrí, como en otras ocasione a Pino Hernández en su taller de Arte Tinamar para que me echara una mano en el acabado. Y debo decir que me ha encantado ver el resultado de esta obra finalizada. ¡Muchas gracias Pino!

Ahora les toca a ustedes interpretarla y continuar con la historia que cuenta…

¿Qué título le pondrían? En alguna próxima entrada seguiremos hablando de esta pequeña obra. Toca esperar un poco.